Nació en Wollongong, Australia, en 1991. Es el mejor velocista español de la historia. El año pasado, casi pierde una mano en un grave percance de tráfico. No sabe aún cuándo volverá a competir, pero quiere estar el próximo verano en el Mundial de Londres. Por Ricardo Uribarri

XLSemanal. ¿Cómo se encuentra después de todo lo vivido?

Bruno Hortelano. Muy optimista. Mi rehabilitación va lenta, pero bien. Aún no pienso en competir, pero no dejo de soñar con el regreso a la pista.

XL. ¿Qué está siendo más duro?

B.H. La rehabilitación física. La mente nunca me ha dado problemas; la tengo más sana que nunca.

XL. ¿Qué pensamiento le pasa por la cabeza cuando se mira ahora la mano?

B.H. A veces se me olvida lo que me pasó. Pero lo que me viene a la mente cuando miro mi mano es lo fuerte que voy a llegar a Tokio 2020.

XL. ¿Ha cambiado en algo la visión sobre su vida?

B.H. He aprendido que las cosas pueden llegar a estar muy muy mal, pero que la vida seguirá siendo bella.

XL. ¿Lo sucedido le hace más fuerte mentalmente?

B.H. Me ha abierto los ojos a la fragilidad de la vida; de un momento a otro te pueden robar todo. Ahora me propongo hacer todo lo que haga falta para dar la mejor versión de mí mismo.

XL. ¿En qué sentido?

B.H. El dolor de las series duras ya no significa lo mismo. La pereza ya no tiene lugar. ¡La cabeza lo dicta todo!

XL. ¿El Mundial de Londres es su mejor estímulo?

B.H. Los objetivos son vitales para salir de momentos difíciles. Sirven para clavar la mirada a lo lejos, trabajar en esa dirección y borrar por completo de la mente los miedos.

“Cuando me miro la mano, pienso lo fuerte que voy a llegar a Tokio 2020”

XL. Puede aspirar al máximo entrenando en España o es mejor en Estados Unidos, ¿donde reside su entrenador?

B.H. Hay atletas con mucho talento en España y en Estados Unidos. La clave es crear un plan inteligente con mi entrenador y luego olvidarme del mundo exterior para trabajar y trabajar. El éxito depende menos del ambiente en el que uno está y más del estado interior. Aun así, estar rodeado de gente ambiciosa ayuda a crear ese estado interior que busco.

XL. Ha vivido muy poco en España, pero dice que siempre soñó con ganar una medalla y escuchar el himno. ¿De dónde le viene ese sentimiento?

B.H. Mi familia es española y también mi sangre. La casa en la que me crie en Canadá fue una extensión de España, donde viví la cultura española. En las copas del mundo nos despertábamos de madrugada para ver jugar a la selección y viendo los Juegos Olímpicos empujábamos a los españoles. Lo llevo dentro.

XL. Su obsesión siempre ha sido buscar sus límites. ¿Siente que aún está lejos de alcanzarlos?

B.H. No sé si estoy lejos o cerca de mi límite, pero en Río me acerqué más que nunca. Además, si llego a mi límite no seré consciente de ello hasta años después. Por eso nunca me conformaré.

XL. La gente ya espera mucho de usted. ¿Cómo lleva esa presión?

B.H. Competir bajo presión es algo que también hay que entrenar. Cuando lleguen las citas importantes, usaré la adrenalina de la carrera y del público para intentar producir lo mejor de mí.

XL. Le gusta visualizar las carreras con la meditación. ¿Por qué es tan importante?

B.H. La meditación es parte de mi técnica de carrera igual que el aspecto físico. Me va bien visualizar los movimientos compitiendo, y más de una vez he soñado con unos resultados que luego se hicieron realidad. La visualización prepara los músculos para ejecutar de la manera que tú quieres.

XL. ¿Qué cree que sentirá el día que vuelva a participar en una carrera?

B.H. Será un día de pura felicidad y lo será gracias a la cantidad de gente que se ha volcado conmigo, ayudándome durante todo este año. Y de aquí en adelante siempre que tenga algún éxito, tengo claro, que será gracias a ellos.


Pregunta a Bocajarro

¿2016 será para usted siempre el año del éxito deportivo o del trauma del accidente?

Será el año en que cumplí mi sueño de infancia, en que superé dos retos, dos obstáculos muy distintos, pero igual de duros.