El plato de Harvard

REINOS DE HUMO

¿Quién es el guapo que ante una recomendación de la Universidad de Harvard se pone gallo y empieza a desarmar dialéctica o científicamente la propuesta? Dices ‘Harvard’ y la gente ya se rinde. Es como decir ‘Steven Seagal’ o ‘Rambo’. Pues resulta que hace unos meses la Escuela de Salud Pública de Harvard publicó una guía cuya principal aportación es el Healthy Eating Plate (el plato para comer saludable), que consiste en dibujar el espacio porcentual que debe ocupar cada tipo de alimento en un plato, en vez de poner una pirámide como se hacía hasta ahora. Aunque a mí no me parece un gran hallazgo, la guía de marras ha sido traducida a veinte idiomas. Los que defienden la propuesta harvardiana elogian que no mezcle los intereses científicos con los comerciales y también que únicamente incluya alimentos sanos. «¡Qué gran hallazgo!», me digo otra vez. ¿Será que las otras guías sí mezclan los ingresos con la salud? Mi sorpresa es infinita porque resulta que el libro de Harvard propone suprimir los snacks salados, la bollería industrial y las bebidas alcohólicas. Y, por si fuera poco, nos asombra también al recordarnos que las legumbres tienen muchas proteínas y que sería bueno limitar la mantequilla, el pan, las carnes rojas, los zumos industriales y los cereales refinados. Es que una aportación tan rupturista solo podía venir de aquel gran país. Yo no sé si con lo de Trump se están contagiando un poco todos. En fin, que dice la guía de Harvard que en cada plato deberíamos poner: en la mitad del espacio, alimentos de origen vegetal; en una cuarta parte, proteínas de legumbres, pescados y aves; y en el otro cuarto, cereales integrales. ¡Ah! Y beber agua, usar buenos aceites y mantenerse activo. Amén.