Enamorada de su cuerpo, divertida y sin complejos. La modelo estadounidense de tallas grandes más ‘sexy’ del mundo rompe los cánones establecidos por el mundo de la moda e invita al debate sobre la tiranía del cuerpo.

Luce un bikini de la talla 44 y lo hace con toda naturalidad. No se preocupa por su celulitis. No cruza las piernas para parecer más delgada. No lleva puesto un pareo para cubrirse el trasero. No está obsesionada por la grasa en su espalda, los michelines del vientre o sus pechos de la talla 85D. Tampoco contiene la respiración ni se esfuerza en contraer las pantorrillas. Más bien al contrario.

Esta modelo de 31 años, conocida por su aparición en la portada de la edición italiana de Vogue, dedicada a las mujeres con tallas grandes, y por su trabajo como modelo para el calendario Pirelli, agarra sus michelines como si fuesen trofeos y ríe estrepitosamente. Estamos hablando de una mujer que la noche previa a esta sesión de fotos estuvo en una barbacoa comiendo patatas fritas («me zampé un montón») y bebiendo cócteles. Sin ningún remordimiento.

¿Y por qué iba a tenerlo? En el Reino Unido la talla media es, como en España, una 44. La belleza real de hoy en día incluye a mujeres con curvas y dotadas de una novedosa seguridad en sí mismas, y algunas de las marcas más importantes del mundo -entre ellas, Hand;M, Mango y Target- han descubierto la existencia de un lucrativo nicho en el mercado. Hasta tal punto que algunas de sus campañas publicitarias más importantes de prendas de baño o ropa interior están dirigidas a mujeres que hace algunos años se sentían poco entusiasmadas cuando llegaba la hora de desvestirse o de cenar un triste huevo duro por culpa del maldito régimen.

Mal harían las firmas en escatimar las tallas disponibles en sus tiendas. Según Soozie Jenkinson, directora de las colecciones de lencería y ropa de baño de Marks and; Spencer, el mercado de tallas grandes nunca ha sido tan importante como en la actualidad. Entre otras razones, porque las mujeres de hoy se sienten más seguras de su compra y suelen adquirir varios modelos distintos por temporada. «La silueta delgada y andrógina ha quedado un poco desfasada -asegura-. Ahora, las mujeres se sienten orgullosas de sus curvas y quieren exhibir bien sus encantos».

No al insecto palo
Las cosas están cambiando… o al menos eso es lo que parece por las reacciones de rechazo generalizadas contra la extrema delgadez que han tenido lugar en los últimos años, sobre todo en las redes sociales. Uno de los casos más sonados fue el de las protestas que se alzaron el pasado año contra el cartel publicitario escogido por la marca inglesa de suplementos vitamínicos Protein World. En él, una modelo muy delgada posaba sobre el mensaje « Estás preparada para un cuerpo playero?». Setenta mil personas firmaron una petición que llevó al envío de una queja formal a la autoridad británica reguladora de la publicidad. En señal de protesta, muchas mujeres pintaron sobre los carteles y subieron fotos a Internet vestidas con sus propios bikinis delante del anuncio. Y, aunque el organismo regulador consideró que aquello no era lo bastante escandaloso como para retirarlo, la polémica sigue viva. Hace unos meses, Sadiq Khan -el alcalde de Londres- anunciaba que en el futuro impediría que en el metro y en los autobuses aparecieran campañas publicitarias que promovieran una imagen poco realista del cuerpo. «Tengo dos hijas adolescentes y me desagradan los anuncios que puedan suponer un menosprecio para las personas (especialmente para las mujeres) y provocar que se sientan avergonzadas de sus cuerpos -declaró-. Hay de acabar con esta situación».

La belleza independiente
Nuestra modelo, Candice Huffine, se viste para la sesión de fotografía. Se quita el bañador y se pone unos ceñidísimos vaqueros J. Brand, una camiseta negra, sandalias negras con tacón y una cazadora bomber de Topshop con su nombre bordado, su última compra del fin de semana. Huffine lleva 14 años trabajando como modelo. En sus comienzos lo hacía, sobre todo, para catálogos especializados, pero ahora le llueven ofertas por parte de las mejores firmas y los mejores fotógrafos de todo el planeta fashionista.

A diferencia de otras modelos que empezaron como maniquís de talla normal y pasaron a otros terrenos al ser incapaces de mantenerse delgadas, Huffine siempre ha trabajado como modelo de tallas grandes.

«No tengo idea de cómo funciona la industria al uso. No puedo contarte nada en especial sobre nuestros hábitos alimentarios. Nunca he tenido que obligar a mi cuerpo a someterse a nada antinatural. He sido yo misma, la de siempre, desde el primer momento».

Candice creció en un hogar de Maryland (Estados Unidos) donde jamás hubo báscula en el cuarto de baño, pero pronto aprendió lo que era estar sometida al juicio de otros. su madre y su abuela participaban en concursos de belleza, y ella misma empezó a hacer lo mismo con tan solo dos años. En la escuela era más corpulenta y deportiva que las demás niñas. «Nunca me puse a régimen para perder peso». En uno de estos concursos, alguien la animó a viajar a Nueva York y probar suerte con las agencias de modelos. «No tenía ni idea de cómo funcionaba el mundillo. Las únicas fotos que tenía eran simples instantáneas hechas en el jardín de casa o en el asiento posterior del coche».

El patito curvy
Once agencias le dijeron que no. En una de ellas le sugirieron que perdiese 7 kilos. Se negó. Tenía 15 años cuando finalmente consiguió un primer contrato. Su talla por entonces era el equivalente a una 38 española. «Ni sabía que existían colecciones de ropas en tallas grandes».

Durante sus comienzos profesionales estuvo sacándose un dinero extra trabajando como camarera. A diferencia de las demás modelos, engordó en el curso de los siguientes tres años. «Me salieron curvas, me volví voluptuosa, crecí».

Sin embargo, cuantos más kilos ganaba, más ofertas de trabajo le llegaban. El gran salto llegó con su aparición junto con Tara Lynn y Robyn Lawley en el número de Vogue Italia de junio de 2011, que se vendió como rosquillas. Tres años después, el éxito continuó cuando Pirelli la contrató con ocasión de una edición especial de su famoso calendario dedicada a modelos de tallas grandes, la primera desde su lanzamiento en 1963. «Solo el hecho de que la marca decida apostar por una modelo con mis medidas ya es significativo», explicaba.

Mensaje positivo
Candice ha crecido desde aquellos días en los que fue rechazada y lo mismo ha pasado con el mercado de la moda de tallas grandes. «Al principio me hacían vestir unos modelitos que no me gustaban nada. Ropa sin forma. Confeccionada con telas de mala calidad. Recuerdo que en una ocasión me pusieron una camisa con estampado de gatitos a juego con un bolso con motivos felinos… Me dije. Yo no tengo nada en contra de estos animalitos, pero esto qué tiene que ver conmigo? . Nadie supo contestarla entonces en aquella sesión porque nadie tenía la menor idea».

Si bien Candice tiene unas piernas fantásticas, largas y con tobillos finos, su figura no responde al típico canon de belleza femenina: la típica en forma de reloj de arena. En sus propias palabras. «Tengo el torso corto y ancho en el centro». La clave está en que todo eso le importa un pimiento. «Me siento muy cómoda a la hora de mostrar mi cuerpo. Y nunca me han arreglado de una forma que cambiara mi aspecto natural. La gente me contrata porque soy como soy. Si el hecho de enseñar el cuerpo, mis imperfecciones y mi barriga puede influir en otras mujeres de forma positiva, entonces me siento muy contenta».

Le gusta hacer footing, boxea y lleva una vida saludable. Es evidente, es modelo, y así lo atestiguan las continuas fotos sobre su rutina deportiva que sube a Instagram. Sin embargo, Candice lo ha dejado claro en muchas ocasiones. «La felicidad no depende del peso».