Opción 1. El Gobierno reparte riqueza y empleo

Si la fuerza laboral desaparece, la decisión sobre cómo redistribuir la riqueza se convertiría en el debate político más significativo de la historia. Para preservar la economía de consumo, es posible que los gobiernos se vean forzados a aplicar lo que Haruhiko Kuroda -presidente del banco central japonés- llama «la mano visible de la intervención económica». Los gobiernos tendrían que intervenir de forma directa y radical.

La renta básica universal

Una forma de hacerlo sería elevar los impuestos sobre los beneficios obtenidos por los dueños del capital y utilizar ese montante para proporcionar un ingreso fijo mensual a todos los adultos. Este concepto llamado ‘renta básica universal’ no es nuevo. Muchos partidos de izquierda están a favor, pero en los años sesenta hasta Richard Nixon y el economista conservador Milton Friedman la consideraron. Pero serían necesarios muchos arrestos políticos para implementar la renta universal. Los ricos podrían argumentar que su esfuerzo estaría subvencionando la ociosidad de millones de gorrones del sistema.

En los años treinta, el Gobierno de EE.UU. ya contrató a 40.000 personas para componer música o escribir guías, trabajos no imprescindibles

Trabajo para dar sentido

Y no solo eso: la renta universal podría reemplazar a los salarios, pero no serviría para preservar los beneficios anímicos y sociales derivados del trabajo. La solución a este problema sería que el Gobierno pagara a la gente por hacer algo, en lugar de a cambio de nada. Esto también se ha hecho ya. En los años treinta en Estados Unidos, el organismo estatal Work Progress Administration contrató a 40.000 artistas y trabajadores para que crearan música, teatro, escribieran guías de viaje u ordenasen archivos. No es descabellado pensar en un organismo así en el futuro, quizá orientado al cuidado de la población anciana.


Opción 2. Las empresas pagan por espiarnos

Frente a quienes confían en que los gobiernos medien en el escenario de hiperdesempleo, están los que defienden que es mejor crear un nuevo tipo de negocio del que todos salgamos beneficiados. Estos proponen «monetizar los datos», que nos paguen por la información que se obtiene de nosotros a través de las nuevas tecnologías.

Proponen crear una nueva clase media de la información; pagar por los datos que se obtienen de nosotros con las nuevas tecnologías

Compensación

Si la información que facilita un ser humano permite que un robot simule una conversación, o que una campaña política dirija su mensaje a determinados votantes, la persona de la que se obtienen esos datos debería recibir una compensación.

Lógica capitalista

«Si lográsemos sustituir la idea de la información gratis por un sistema universal de micropagos, podría emerger un nuevo tipo de clase media», explica Jaron Lanier, programador pionero de Silicon Valley y defensor de esta teoría. «El capitalismo solo funciona si permite que a un número lo bastante grande de personas les vaya lo suficientemente bien como para ser clientes. Es pura lógica capitalista». Lanier detalla en sus libros cómo se pueden regular esos nanopagos: «Técnicamente es viable. No es fácil, pero es posible. Es crear otro algoritmo para gestionar pagos a cambio de datos».

La magia del dinero

Lanier cree que es mejor mantener los parámetros del actual sistema, a través de intercambio de dinero, que imponer la regulación desde los gobiernos. «La belleza del dinero es que crea un sistema de gente que vive de otra gente por un acuerdo mutuo. Es el único invento que lo hace, que yo sepa».