Vivos son repudiados y considerados malditos. Muertos, en cambio, valen su peso en oro: sus órganos son valorados como amuletos capaces de atraer todo tipo de fortuna. Los albinos sufren auténticas cacerías en algunas zonas de África. Muchos se ven obligados a huir.  Por Carlos Manuel Sánchez

Como Moszy, que llegó a Tenerife en patera. Pide asilo para que no lo devoren en rituales de magia negra. No exagera. Moszy es un fantasma, es invisible, no es humano. En la lengua suajili, zeru. Moszy tiene 18 años, es de Benín, llegó en patera a la playa de La Tejita (Tenerife)  con otros 60 inmigrantes subsaharianos, aquejado de una tiritona incontrolable por la hipotermia de las noches en el mar y de severas quemaduras de los soles atlánticos. Moszy tiene la piel descolorida; la cara, lechosa veteada de manchas color canela; una miopía de rompetechos. Su esperanza de vida es de 30 años. El cáncer de piel acecha en sus genes. O un asesinato ritual. Porque Moszy es albino. Un negro albino. Un fantasma. Menos que humano. Zeru.

Por la pierna de un albino se llegan a pagar 1.500 euros; pero aún más por los genitales, que se venden como viagra

Primero pensaron que Moszy exageraba. Sonaba todo demasiado macabro para ser verosímil. Moszy asegura que no quiere volver a su país porque teme ser asesinado y devorado en un ritual de magia negra. Antes de morir, le amputarían brazos y piernas a machetazos. Con su sangre, los brujos harían un caldito llamado muti. Con los dedos de sus manos, amuletos. Con sus genitales, una pócima sexual tan efectiva como la Viagra. Pero Moszy no exagera. Cada uno de sus huesos vale su peso en oro. Cada falange es susceptible de servir para un collar. Por una de sus piernas desmembradas se pueden llegar a pagar 1.500 euros. Para muchos pueblos africanos, los albinos son gafes en vida. Traen la desgracia a sus familias, a sus clanes, sobre todo a ellos mismos. Muchos son repudiados por sus padres, expulsados de sus casas. Pero, cuando mueren, se invierte el signo de la fortuna. Muertos atraen todo tipo de bienes y riquezas. Por eso se los considera trofeos muy preciados en una de las cacerías más bochornosas que ha perpetrado el género humano desde que los nazis persiguieran a los judíos.

Un niño albino en Burundi An woman walks with her albino son to a courtroom in Ruyigi, eastern Burundi, May 28, 2009. Prosecutors in Burundi on Thursday asked for life sentences for three people on trial for allegedly murdering albinos to sell their body parts for use in witchcraft. REUTERS/Jean Pierre Aime Harerimana (BURUNDI CRIME LAW SOCIETY) 50/afr11/cordon press

Sólo en Tanzania han sido secuestrados y asesinados 41 en el último año. Otros diez en Burundi. Siete en Malí. En Camerún, muchos son estrangulados o asfixiados nada más nacer por sus propios padres para evitarles (y evitarse) escarnio y sufrimientos. En algunas aldeas es la familia política de la madre la que comete el infanticidio, en la creencia de que el niño es fruto de relaciones adúlteras con un blanco. El asunto es tan repulsivo que Unicef y la ONU han puesto el grito en el cielo, e Interpol se ha ofrecido para colaborar con los gobiernos de las naciones afectadas.

Moszy es un invisible, pero todo el mundo parece fijarse en él. En el Comité Español de Ayuda al Refugiado (CEAR) se han tomado el caso muy en serio. Sus servicios jurídicos apelan a la Convención de Ginebra para evitar su repatriación. De momento, permanece en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Hoya Fría y el Ministerio del Interior ha admitido a trámite su petición de asilo «con una celeridad pasmosa», según Juan Carlos Lorenzo, director gerente del CEAR. Buen augurio, aunque España sólo concede el estatuto de refugiado al cinco por ciento de los que lo solicitan. Antes de junio, el Gobierno deberá decidir si deporta a Moszy o le permite seguir en España.

El albinismo no es más que una rara condición genética que impide la pigmentación de la piel, carente de la melanina que nos protege de las radiaciones ultravioletas. Un capricho cruel de la naturaleza que afecta a una de cada 20.000 personas nacidas en el mundo, aunque en algunas zonas del África subsahariana, en especial en la región de los Grandes Lagos, la proporción puede aumentar hasta uno de cada 4.000 nacidos. Allí, además, un entramado de mitos y supersticiones agrava los padecimientos de los albinos hasta el puro sadismo. Y sus sufrimientos ya son de por sí lacerantes sin necesidad de brujería. Uno de cada seis afectados padece tumores de piel. Las cremas de protección solar (necesitan mínimo un factor 60 o, mejor, pantalla total) son artículos de lujo o ni siquiera se encuentran en las tiendas. Tampoco es fácil encontrar gafas de sol adecuadas, o son tan caras que no pueden comprarlas, y muchos se quedan ciegos. En Tanzania, sólo un dos por ciento de los albinos vive más de 40 años.

An albino child poses at a picnic organised by the Tanzania Red Cross Society (TRCS) at the government-run school for the disabled in Kabanga, in the west of the country near the town of Kigoma on Lake Tanganyika June 5, 2009. The school began to take in albino children late last year after albinos were being killed in Tanzania and neighbouring Burundi by people who allegedly sell their body parts for use in witchcraft. There are now nearly 50 albino children sheltering in Kabanga with their mothers. The school has now completely run out of space, but vulnerable albinos are still being brought in by the police from as much as 200 kilometres away. The Tanzanian government said recently it would take steps to fast-track murder trials involving the killing of albinos. Picture taken June 5. REUTERS/Alex Wynter/IFRC/Handout    (TANZANIA CONFLICT SOCIETY) FOR EDITORIAL USE ONLY. NOT FOR SALE FOR MARKETING OR ADVERTISING CAMPAIGNS

A los problemas de salud hay que añadir el rechazo social alimentado por creencias muy extendidas, que los albinos son una maldición de los dioses y traerán la desgracia a sus familias; que nunca mueren, simplemente se desvanecen; que el albinismo es una enfermedad contagiosa y los que la padecen contaminan los alimentos que tocan… Todo ese batiburrillo de prejuicios hace que los albinos sean unos proscritos. Incluso en países como Senegal, donde el tráfico de órganos para surtir a los hechiceros no es relevante y no supone una amenaza para sus vidas. «En la calle, la gente escupe cuando paso. Algunos se tapan la nariz. Si me siento en un autobús, la gente se levanta de mi lado», afirma Alseny Sall, de 22 años, un vendedor callejero que reside en Dakar. En los colegios, los niños con albinismo sufren las burlas de sus compañeros. Y muchos profesores no permiten que se sienten en los primeros bancos, cerca de la pizarra, a pesar de sus problemas de visión. Como no se enteran de la lección, no aprueban. El porcentaje de fracaso escolar es abrumador. Sin educación y estigmatizados, muchos viven en la miseria.

Tampoco se libran de pasarlas canutas en Nigeria. No obstante, Ugochukwi Orji, que dirige una fundación de ayuda a los albinos en ese país, matiza que su aceptación social depende del amor que encuentren en sus propias familias. «Si los padres reciben una buena información, no se avergonzarán de sus hijos albinos y éstos ganarán en autoestima. Pero es difícil que prosperen. No encuentran empleo, ni pareja, pocos se casan. Y las chicas albinas tienen un problema adicional. Muchos hombres sienten curiosidad y quieren tener relaciones sexuales con ellas. Luego las abandonan. Pero lo peor, sin duda, ocurre en Tanzania y Burundi. No he visto nada igual en el mundo.»

Y es que resulta muy difícil hacerse una idea del terror al que se ven sometidos los 17.000 albinos que viven en Tanzania, un país de 39 millones de habitantes y destino turístico de referencia para miles de occidentales gracias al tirón del monte Kilimanjaro. En Tanzania, la cacería de albinos es un crimen atávico fomentado por la minería. Hay importantes yacimientos de oro, diamantes y piedras preciosas. Muchos mineros piensan que los órganos de los albinos los ayudarán a encontrar buenas vetas o a librarse de la muerte en caso de un accidente. También hay contrabando de amuletos confeccionados con piel y huesos de albinos en torno al lago Victoria, pues los pescadores piensan que les darán suerte a la hora de echar las redes.

A woman holds her albino child before registering him at the office of the Tanzania Albino Society (TAS) in Dar Es Salaam October 30, 2008. There has been a recent spate of attacks on albinos in Tanzania, where some witchdoctors value their body parts for supposed mystical powers. Picture taken October 30, 2008. REUTERS/Stringer (TANZANIA)

Pero la situación se ha agravado en los últimos meses, hasta alcanzar un dramatismo estremecedor. Grupos de hombres armados con fusiles y machetes vagan por las aldeas buscando albinos, los asesinan delante de sus familias, los degüellan para beber su sangre caliente, en la creencia de que los hará poderosos e invulnerables. Una vez saciados, los decapitan y los trocean con hachas y cuchillos de carnicero para vender la cabeza y los despojos a los curanderos. No, no es el argumento de una película gore. Es un negocio. Todo se aprovecha: piel, cabellos, carne y esqueleto. El cuerpo de un albino, despedazado con esmero y codicia, puede llegar a valer unos 25.000 euros. Una de las últimas víctimas fue Cizany, una niña que fue atada y desmembrada delante de sus padres. El escándalo sacudió a la comunidad internacional y el Gobierno tanzano reaccionó con redadas multitudinarias. Unos 170 brujos, cazadores de albinos e intermediarios en este truculento mercado han sido detenidos hasta la fecha. «El problema es la falta de legislación. Todavía estamos esperando los juicios y que haya sanciones ejemplares», se queja Ernest Kimaya, activista tanzano.

La persecución en Tanzania es tan grave que el Gobierno ha detenido a 170 brujos y cazadores de albinos

A cientos de sanadores tradicionales se les retiró la licencia para ejercer, lo que en un país donde un tercio de la población acude a este tipo de medicina supone un problema añadido. Harufa Kifimbo, portavoz de la asociación de curanderos más importante de Tanzania, se queja: «Muchos pacientes dependen de nuestros remedios. Las autoridades están haciendo pagar a justos por pecadores».

Muchos albinos huyeron de Tanzania y se refugiaron en la vecina Burundi. Paradójicamente, después de las detenciones, también han escapado a ese país decenas de curanderos. Y los crímenes se han repetido. En casi todos los casos, las víctimas son mutiladas en vida, de acuerdo a la mística creencia de que el sacrificio es más potente. Muchos son niños y adolescentes. En algunos pueblos, los escolares reciben escolta para ir a clase. Para Zihada Membo, su gran enemigo era el sol. «Pero ahora voy por la calle y la gente cuchichea. Mirad, una zeru. Un fantasma. Tengo miedo. Han puesto precio a nuestras cabezas.»


Salif Keita: «Los médicos no quieren ni tocarnos»

Salif Ke•ta au Festival de Fes au Maroc en 2006 Salif Ke•ta est nŽ albinos dans une rŽgion o les albinos sont mal vus en raison des pouvoirs malŽfiques qui leurs sont attribuŽs. Il est descendant en ligne directe du fondateur de lÕEmpire du Mali, Sundjata Ke•ta

Salif Keita, de 59 años, es el albino africano más famoso. Nacido en Malí, fue expulsado del colegio y desterrado de su aldea por el color de su piel. Caminó descalzo centenares de kilómetros y tuvo que mendigar para sobrevivir. Hoy es una estrella de la música internacional. Keita nació en el seno de una familia noble y desciende de un emperador del siglo XIII. Está orgulloso de sus orígenes. «Cuando tus antepasados son guerreros, debes respetar las tradiciones y estar a su altura. Que yo fuese albino supuso un golpe para mi familia. De hecho, mi padre nos echó de casa a mi madre y a mí. Pero se arrepintió y nos acogió de nuevo. Mi padre hizo muchas cosas positivas por mí. Hablábamos de todo. Me ayudó. Cuando murió, lo pasé muy mal. Fue un gran hombre que supo encajar el hecho de que sus hijos fuesen diferentes (mi hermana también nació con albinismo). Al principio estaba desorientado y confundido, pero se sobrepuso», relata.