Pino carrasco. ‘Ahorra’ las semillas en un banco

Estos pinos van acumulando piñas en la copa, como si fuera un banco de semillas. En caso de incendio echan mano de los ahorros. Son piñas muy duras, cerradas y selladas con resina, que solo se abren cuando la resina se derrite por el calor. Si el pino se quema, las piñas caen al suelo y liberan miles de piñones. No encuentran mucha competencia y prosperan. Al cabo de un año ya hay pequeños pinos en el paisaje calcinado.

Jara y aliaga. Alistan nuevos reclutas

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Dispersan un montón de semillas en el suelo, pero estas no germinan en primavera. Se acumulan año tras año y solo germinan en caso de incendio. Nace entonces una nueva generación y la ‘quinta’ anterior muere, por eso se llaman ‘reclutadoras’. ¿Cómo lo hacen? Las semillas estaban como aletargadas y el calor rompe la dormición: tienen la cáscara dura y necesitan calor para romperla. Germinan masiva- mente después del incendio.

Romero y lavanda. Detectan el humo

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Su germinación se activa gracias a los componentes químicos del humo. Su estrategia consiste en formar bancos de semillas, como hacen las jaras en el suelo o los pinos carrascos en las copas. Las semillas pueden permanecer enterradas y ‘dormidas’ décadas. Y germinan después del incendio. La diferencia con otras reclutadoras es que es el humo de los incendios, y no el calor, el que estimula la germinación.

Carrasca, olivo, roble y encina. Juegan al escondite

Rebrotan porque tienen muchas yemas enterradas y escondidas en el suelo. No mueren en el incendio, aunque lo parezca, si el tronco y las ramas se han quemado. En estas especies el fuego destruye su parte aérea, pero quedan las raíces y la base del tronco, donde acumulan las yemas y los nutrientes que les permiten rebrotar. De manera que la planta realmente no muere, simplemente cambia su estructura.

Brezo rubio y madroño. Guardan las yemas en un ‘zulo’

La parte baja del tronco está hinchada, formando una cepa llamada ‘lignotubérculo’, que es una especie de zulo donde guarda sus yemas (estas cepas se usaban antiguamente para fabricar pipas de fumar y utensilios de cocina). Son plantas rebrotadoras y renacen desde la base, pero a diferencia del roble o la carrasca disponen de esa estructura especializada donde, además de las yemas, acumulan nutrientes y carbohidratos de reserva.

Alcornoque y pino de Canarias. Se forran de material aislante

El alcornoque tiene una corteza muy gruesa (el corcho), que lo aísla del fuego, de manera que, después de un incendio, las yemas del tronco, que están protegidas, rebrotan. De este modo, los alcornoques no pierden altura, pues rebrotan desde el tronco y no desde la base. Así el bosque tarda menos tiempo en recuperarse. Es el único árbol europeo con esta capacidad. El pino de Canarias hace algo similar

Pino negral.Se automutilan

Muchas coníferas viven en zonas con muchos incendios de sotobosque (de superficie). Para sobrevivir, estos árboles se autopodan: eliminan ramas muertas, que además no quedan sujetas al tronco y así evitan que las llamas suban hasta la copa. Además, sus cortezas son relativamente gruesas en la base del tronco, para que los incendios de superficie no afecten a los tejidos de crecimiento del tallo. el fuego pasa por debajo sin que les afecte.

Gamón. Flores en el infierno

Florecen rápidamente después de un fuego, normalmente en pocas semanas, y aprovechan que hay poca competencia para atraer a todos los insectos polinizadores. Además, así también generan semillas muy rápido, y estas semillas pueden germinar cuando aún hay mucho espacio y, por tanto, poca competencia con el resto de la vegetación por la luz y los nutrientes.