En la película Adiós a Europa, la directora alemana Maria Schrader cuenta el exilio del escritor judío Stefan Zweig en América y su reacción cuando el mundo intelectual trató de arrancarle un comentario sobre el régimen totalitario de Hitler y la Segunda Guerra Mundial, que en esos momentos estaba ensangrentando Europa. Por José Segovia

En lugar de expresar su repulsa, se limitó a decir que no criticaría a Alemania y que quería ser respetuoso con las ideas de los demás, una actitud chocante en un hombre que tuvo que huir de su país ante la presión de los nazis.

Stefan Zweig y su mujer, Lotte Altmann, se suicidaron juntos en Brasil en 1942

En 1936, sus libros fueron prohibidos en Alemania, y poco después también lo fueron en su Austria natal. Tras divorciarse de su primera esposa, contrajo matrimonio con la joven Charlotte Elisabeth Altmann, que había sido su secretaria. Al estallar la guerra, los dos se exiliaron a América, donde visitaron diversos países antes de establecerse en Petrópolis. Convencidos de que Hitler ganaría la guerra y que el mundo iba a ser gobernado por los nazis, ambos decidieron suicidarse en esa ciudad brasileña el 22 de febrero de 1942.

Su actitud fue chocante: él, que era judío y tuvo que huir de su país, no quiso criticar a Alemania

Su adiós a la vida no fue muy bien visto por algún sector del judaísmo más combativo. La más crítica con Zweig fue Hannah Arendt, también de origen hebreo. En algunos de sus artículos, la filósofa alemana definió al escritor como un mal judío, dado que debía haber resistido y combatido el nazismo. «Los pueblos que no hacen historia, sino que solo la sufren, tienen la tendencia a considerarse víctimas de acontecimientos todopoderosos e inhumanos que no tienen sentido», afirmó Arendt.

La pensadora alemana, que en su juventud cayó rendida ante los encantos del filósofo nazi Martin Heidegger, criticó a Zweig por no asumir su condición de judío. También lo acusó de estar interesado solo en su arte, dejando a un lado el drama que estaba sufriendo el pueblo hebreo. ¿Fue injusta Arendt con el escritor vienés? Al fin de cuentas, Zweig tenía derecho a decidir cómo y cuándo acabar con su vida. No era un activista político ni tenía obligación de sentirse judío. Además, en algunos de sus textos sí criticó al nazismo. Entonces, ¿por qué le costó tanto decirlo públicamente? Fue un raro ejercicio de elegancia? Mucha gente comprometida con la lucha contra el nazismo nunca entendió la postura de Zweig. Hubo quienes lo tacharon de cobarde. Todavía hoy sigue siendo un misterio por qué actuó de esa forma.

El exilio imposible

Zweig viajó mucho y disfrutó sus estancias en París y Berlín. Pero, según cuenta su biógrafo George Prochnik, el desarraigo del exilio en Brasil fue superior a sus fuerzas. El hundimiento de la Europa que amaba fue otro motivo de su suicidio.

Acto de debilidad

El escritor alemán Thomas Mann confesó que encontraba el suicidio de Zweig estúpido, un acto por el que era imposible sentirse conmovido, aunque diez años después rectificó esas palabras.