Está en juego Oriente Medio. La batalla entre Arabía Saudí e Irán vive una nueva crisis. Catar, aliado de Teherán, es acosado por sus vecinos. La crisis es altamente explosiva. ¿Qué intereses esconde? Por Steffen Gassel / Fotos: Getty Images y Cordon Press 

La embajadora estadounidense en Catar, Dana Shell Smith, vio venir la tormenta y trató de minimizar los daños a través de Twitter. «Esfuerzos positivos por parte de Catar en la lucha contra la financiación del terrorismo». «Estados Unidos valora el papel de Catar como socio de la coalición contra el Estado Islámico». «Avances reales, #Katar».

Sus tuits, sin embargo, cayeron en saco roto. Arabia Saudí, Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos, todos ellos vecinos de Catar, anunciaron al mismo tiempo un bloqueo por tierra, mar y aire contra el díscolo emirato. La razón (o la excusa, depende del punto de vista): el supuesto apoyo de Catar a grupos terroristas en Oriente Medio.

A los tres estados del golfo Pérsico pronto se sumaron Egipto, Yemen, Maldivas y Libia en la ruptura de relaciones diplomáticas. Los ciudadanos cataríes fueron conminados a abandonar estos países en 14 días. Las oficinas locales de Al Jazeera, el canal catarí de noticias vía satélite, se han clausurado. Los viajes a Catar han quedado prohibidos. Incluso se ha amenazado con penas de hasta cinco años por declarar simpatías hacia el emirato. «Para los árabes del Golfo -ha escrito The Economist-, este anuncio es más impactante que una declaración de guerra».

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Trump eligió Arabia Saudí para su primera visita a un país extranjero como presidente. Todo un gesto hacia un país al que calificó como su gran aliado en Oriente Medio y con el cual firmó un contrato de venta de armas de 110.000 millones de dólares

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El rey saudí nombró como heredero al trono a su hijo Mohamed, de 31 años, cerebro del cambio de modelo económico que vive el país

En Catar, el país más rico del mundo, sede del Mundial de Fútbol de 2022, a principios de junio la gente compraba productos de primera necesidad y hacía largas colas en los supermercados, mientras el mundo todavía intenta comprender qué ha llevado al frente liderado por los saudíes a tomar medidas tan radicales contra un país hermano.

Cerrar Al Jazeera

Las noticias llegadas desde Irán han aumentado esa inquietud. Comandos suicidas del Estado Islámico atacaron el Parlamento de Teherán, la capital. Es la primera vez que ISIS golpea a los ayatolás. La Guardia Revolucionaria no lo dudó y atribuyó los atentados al régimen saudí. En paralelo, Teherán ya ha ofrecido a Catar tres de sus puertos para la carga y descarga de mercancías. Los saudíes tampoco se han quedado atrás y han exigido a Catar que cumpla con un plan de diez puntos, el primero de ellos. romper relaciones con Teherán. Además, debe entregar a los líderes de Hamás y de los Hermanos Musulmanes, instalados en Doha, la capital, y cerrar Al Jazeera.

Una nueva guerra del Golfo se consideraba una posibilidad exagerada hace unas semanas. Ahora, el peligro ha subido muchos enteros

En menos de 48 horas, las desavenencias entre los estados del Golfo, suníes que siempre se han considerado ‘hermanos’, han subido un peldaño. Una nueva guerra del Golfo, posibilidad planteada por el ministro alemán de Exteriores, Sigmar Gabriel, se consideraba alarmismo exagerado hace solo unas semanas. Ahora, el peligro de que Catar sea víctima de la lucha por el poder y la influencia entre saudíes e iraníes ha subido muchos enteros.

Semejante opción, supondría el final de la meteórica carrera vivida por el pequeño pero poderoso emirato catarí. A finales de los ochenta, Catar -el estado menos poblado del Golfo- era una península yerma habitada por los descendientes de un humilde pueblo de pescadores de perlas. En unas pocas décadas, sin embargo, Doha se ha convertido en una opulenta metrópolis en cuyo barrio de negocios, el West Bay, los coches de lujo forman atascos entre enormes torres de acero y cristal. Al sudeste de la ciudad se alza el gigantesco aeropuerto, base de Qatar Airways, que ha hecho de Doha un nudo clave del tráfico aéreo mundial. Con 129.000 dólares per cápita, Catar tiene la renta media más alta del mundo. Según un periódico local, entre sus poco menos de tres millones de habitantes se cuentan 28.000 millonarios.

Buena parte de esta conversión en estado del bienestar versión Las mil y una noches se debe al jeque Hamad, padre del joven emir Tamim al Zani, que se hizo cargo del Gobierno en 2013. Bajo el liderazgo del jeque, el país -que comparte con Irán el mayor campo de gas del mundo- se convirtió en uno de los principales exportadores de gas licuado. Y en un actor global.

Poco después del 11-S, Hamad acogió a la Fuerza Aérea de Estados Unidos, que construyó al sur de Doha la mayor base de apoyo de toda la región, centro neurálgico de la lucha contra el ISIS y, antes, de la guerra en Afganistán. Dicho de otro modo, Catar no desaprovecha ninguna oportunidad para convertir su dinero en objetivos tangibles. El Mundial de 2022 es un punto más en esta estrategia de relaciones públicas. Ya sea en Harrods o Valentino: cuando Catar invierte, lo hace a lo grande. Los cataríes solo compran inmuebles en los mejores sitios: los Campos Elíseos de París, Grosvenor Square en Londres…

Apoyo a las primaveras árabes

Tras el inicio de las revueltas en el mundo árabe, Catar intentó consolidarse como un pionero del cambio. El jeque Hamad mandó a su Fuerza Aérea contra las tropas de Gadafi en Libia junto con franceses, británicos y estadounidenses, mientras apoyaba con armas y dinero a los cada vez más pujantes islamistas, desde Túnez hasta Siria. El emir fue el primer jefe de Estado en visitar al régimen de Hamás en la Franja de Gaza. Los líderes de este movimiento en el exilio, de hecho, residen desde entonces en Doha. Y la emisora vía satélite Al Jazeera, que se ganó un gran prestigio como voz independiente desde su puesta en marcha en 1996, comparte cada vez con más frecuencia el punto de vista de los islamistas.

Es esta ascensión lo que tanto ha irritado a Arabia Saudí. Ya lo advirtió en 2009 el senador John Kerry: «Catar no puede ser un aliado de Estados Unidos el lunes y entregar dinero a Hamás el martes». No obstante, cuando más tarde, recién nombrado secretario de Estado de la Administración Obama, Kerry tuvo que poner fin al enésimo enfrentamiento entre Israel y Hamás, aceptó los servicios de Catar como mediador.

Hace tiempo que los saudíes querían poner a Catar en su sitio. Lo hicieron en cuanto Trump los confirmó como su principal aliado en la región

Por el camino, sin embargo, la ira de los saudíes iba creciendo año tras año. El apoyo de Doha al gobierno de los Hermanos Musulmanes en El Cairo, encabezado por Muhammad Mursi, al que Catar había apoyado con muchos miles de millones de dólares, llevó la situación a un nivel de tensión desconocido en las relaciones entre los estados del Golfo. De hecho, el derrocamiento de Mursi ha sido hasta hoy el mayor revés sufrido por el emirato. Su sucesor al frente de Egipto, el general Al Sisi, cuenta desde entonces con el apoyo también multimillonario de los vecinos de Catar.

Así las cosas, la casa real de Riad llevaba tiempo esperando el momento para poner en su sitio a su vecino. Una oportunidad servida en bandeja durante la reciente visita de Trump, después de que el presidente estadounidense confirmara a los saudíes como sus principales aliados en Oriente Medio. Fue dejar Trump el país, y el jefe de un lobby saudí en EE.UU lanzó este tuit al emir de Catar: «Te has puesto del lado del régimen extremista iraní e insultado al rey saudí. No lo olvides: Mursi hizo lo mismo. ¿Y dónde está ahora? En una celda».