Tiene fama de ser «el hombre tranquilo», pero dice que el tenis es emoción en estado puro. Y él no piensa renunciar a ella. A sus 35 años, los rumores de su retirada se multiplican, pero no se plantea dejarlo. Por Simon Hattenston

Roger Federer quita el envoltorio de su nueva raqueta con lentitud, deleitándose, como si fuera un niño con un caramelo. Con un poco de suerte puede durarle cinco años, dice. Me pasa la raqueta. No está particularmente tensa ni parece un modelo muy sofisticado; lo mismo puede decirse de su propietario.

Desde que ganó su primer torneo importante, Federer es conocido por su carácter tranquilo y afable. En la cancha no grita, no hace muecas y rara vez discute las decisiones de los árbitros. Pero el joven Federer era muy distinto. Siempre fue un deportista con un talento asombroso, pero su actitud era un problema constante.

Cuando comenzó a competir -a los ocho años-, era frecuente que se frustrase, que se hiciera reproches, que gritase. «No era de los que siempre están enfadados. Más bien me sentía triste y decepcionado conmigo mismo». ¿En serio? Yo había oído que siempre hacía trizas sus raquetas. Sonríe. «Bueno, sí que se enfadaba. Pero lo que hacía era lanzar la raqueta contra la red, con cierto cuidado para que no se rompiera, porque costaba mucho dinero y mis padres se hubieran puesto furiosos. Retransmitía cada uno de mis golpes en voz alta, me enfadaba y me decía que era imposible jugar peor». En los torneos, los árbitros le tenían que amonestar. «Mis padres se enojaban mucho conmigo. Más de una vez se marcharon antes del final del partido».

Cuando empecé retransmitía cada golpe, me enfadaba… era patético. Mis padres se fueron del partido más de una vez

Federer ganó el Torneo de Wimbledon en categoría júnior a los 16 años, pero sus emociones a flor de piel eran un problema. «La gente tenía claro que en uno u otro momento acabaría metiendo la pata -recuerda-. Mis rivales creían que les bastaba con responder a mis golpes, porque al final cometería algún error de principiante. Así que me esforcé en crear un aura de invencibilidad, de jugador muy correoso y duro de pelar». Para ello necesitó tiempo; Federer obtuvo su primer gran título con casi 22 años.

“Si soy puro fuego, me vuelvo loco”

Diría que ha conseguido dejar de ser un jugador a lo McEnroe, propenso a los berrinches, para convertirse en una figura a lo Bjorn Borg, más parecido a un samurái del tenis? «Hasta cierto punto, pero Borg era puro hielo». Los héroes personales de Federer pertenecen a una generación posterior y son tenistas más extrovertidos, como Goran Ivanisevic. Los entrenadores le decían a Federer que tenía que tomarse el juego con más calma y él estaba de acuerdo, pero ‘hasta cierto punto’. «Sentía la necesidad de expresar mis emociones. Necesitaba encontrar cierto equilibrio. No podía convertirme en un jugador de hielo. Yo necesito fuego, diversión, pasión, vivir un torbellino. Pero lo necesito de una forma que me resulte manejable. Si soy puro fuego, termino por volverme loco. Me llevó dos años comprenderlo. El proceso fue largo».

No importa si te dopaste a posta o no. ¡Tú eres el responsable! Guardar muestras de sangre durante diez años asustaría a muchos

En 2001, Federer se hizo famoso al vencer a Pete Sampras en Wimbledon y durante los siguientes seis años se consolidó como el mejor del mundo. Con 17 Grand Slam, es el mejor tenista masculino de todos los tiempos. Sus rivales más directos, Pete Sampras y Rafa Nadal, tienen 14 títulos cada uno. Novak Djokovic, 12.

¿Nadal ha sido su rival principal? «En mi caso, sí. Los encuentros contra Nadal siempre van a ser especiales… debido a la final de Wimbledon de 2008». Aquel partido fue épico. Al final, Nadal venció por 9-7 en el legendario quinto set. Federer reconoce que Nadal siempre ha sido su contrincante más difícil. «Rafa es zurdo y te envía unas bolas con unos efectos increíbles, nunca vistos. Tuve que cambiar muchas cosas para ponerme a su nivel».

Federer ha jugado con disciplina desde que tenía 20 años, en la línea del «hombre de hielo» al que antes se refería. Pero es frecuente que su «fuego» aparezca al final de un torneo, y la explosión de emociones en ese momento puede ser volcánica. Su capacidad para llorar ha asombrado a muchos, incluido el propio Federer. Recuerda que lo hizo por primera vez en la Copa Davis de 2001. «Ganamos a los americanos en Basilea, mi ciudad natal, en la que empecé como recogepelotas. Me sentía tan feliz como exhausto… y rompí a llorar. Me sorprendí a mí mismo. Cómo se explicaba tanta emoción? No sabía que podía emocionarme hasta ese punto».

Llevo oyendo rumores sobre mi jubilación desde 2009. ¿Qué le pasa a la gente? ¿Es que no entienden que jugar al tenis es muy divertido?

Federer lloró públicamente en otra ocasión, muy sonada. tras perder otro épico partido contra Nadal, en el Open australiano de 2009. Esa vez lloró de vergüenza. «Cuando pierdes una final, la cabeza te da vueltas, y lo normal es que te marches de la pista y que te pongas a llorar en el vestuario, para liberar la tensión. Pero esa vez no me contuve, y el momento no podía ser peor. Era el momento de Rafa y yo se lo arrebaté. Además, luego la gente hizo todo tipo de comentarios. Muchos dijeron que era una muestra de mi declive, que no podía aceptar que Rafa me ganase en una pista dura…».

Nada más lejos de la realidad. Explica que Nadal ha sido uno de sus mejores amigos en el circuito, junto con su compatriota Stan Wawrinka. Pero no es el único. «Andy Murray es un tipo muy divertido. Lo paso muy bien cada vez que hablo con él. No hay tenista con el que no me lleve bien, y la temporada es mucho más agradable así. Diría que por eso los jugadores hoy siguen en activo más tiempo. Los tenistas antes se lo tomaban todo mucho más a pecho; era normal que te dijeran. ‘No soporto a ese otro jugador’. No creo que sea bueno para ti que 50 tenistas te tengan manía. El ambiente hoy es más relajado, y creo que hacía falta». A qué periodo se está refiriendo? «A los setenta, los ochenta, los noventa… Hoy seguimos siendo unos guerreros en la pista, pero la cosa cambia fuera de ella».

“Para luchar contra el dopaje, hay que hacer más análisis”

Federer defiende la tolerancia cero contra el empleo de sustancias prohibidas en el deporte. Sin matices. «No importa si lo hiciste a propósito o no; las reglas tienen que ser las mismas para todos. Y debes saber perfectamente qué es lo que estás metiéndote en el cuerpo».

Hay quienes aseguran que en el tenis terminará por producirse un momento a lo Lance Armstrong. «Creo que eso es una exageración, pero hay que hacer más análisis. En mi federación olímpica, la suiza, son muy agresivos con esto, pero tengo claro que en otras no lo son. Habría que hacer análisis en todos los cuartos de final, que es cuando el dinero en premios empieza a ser importante. También estoy a favor de conservar las muestras de sangre y quizá las de orina durante diez años… Eso asustaría a muchos jugadores». Y está a favor de sanciones retroactivas? «Sí. Porque siempre andamos un paso por detrás. Sería útil enviar este mensaje a los tramposos. ‘Hoy podéis hacer de las vuestras. Pero tarde o temprano os pillaremos’».

El tema de las apuestas da mucho miedo”

La otra amenaza que se cierne sobre el deporte son las apuestas. En el tenis se produjo en marzo un importante escándalo de amaño de partidos. El fiscal italiano Roberto Di Martino pidió investigar a más de veinte jugadores de primer nivel por sus vinculaciones con círculos de apostadores. Federer dice que a él nunca le han hecho proposiciones de este tipo, pero que ya hace ocho años que oyó hablar del problema por primera vez. «Nos lo explicaron en una reunión de jugadores. Al principio no entendía nada de nada. ¡Hasta que caí en la cuenta! Espero que podamos arreglar esta situación, porque da mucho miedo. El tenis es un deporte individual. A diferencia de otros deportes, es uno solo el que decide lo que va a pasar en el siguiente momento».

“Djokovic no es invencible”

Han pasado cuatro años desde que Federer ganó su último Grand Slam. Corren rumores sobre su retirada, pero Federer insiste en que no tiene ningún plan. «Hoy estoy más enamorado del tenis que nunca. Antes me limitaba a seguir un sueño. Ahora estoy viviendo ese sueño y disfruto al ver que sigo siendo capaz de hacerlo. Es una sensación maravillosa». No ha dejado de creerse capaz de ganar cualquier partido. Diría que Djokovic hoy es el hombre al que batir? «Por supuesto. Novak merece estar donde está, al cien por ciento. Pero no es invencible. El año pasado le gané tres veces». Y aclara. «Llevo oyendo rumores sobre mi jubilación desde 2009, cuando gané el Open de Francia. La gente me preguntaba. ‘ Para qué sigues jugando?’. No sé qué les pasa, la verdad. Es que no entienden que jugar al tenis es muy divertido? No necesito ganar tres Grand Slam al año para sentirme realizado. Si el cuerpo me pide que lo deje, si mi mujer me pide que lo deje, si mis hijos me piden que lo deje, mañana mismo lo dejo. Sin el menor problema. Pero el tenis me apasiona de tal forma que me da igual no ganar tantos torneos como antes. Eso me parece irrelevante».
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La mujer de su vida

Se conocieron en el club de tenis cuando ambos eran unos chicos prometedores. Ella llegó a ser la número 76 del mundo hasta su retiro, en 2002, por una lesión en el pie. Se conocieron ‘de verdad’ en las Olimpiadas de Sídney de 2000. Ella tenía 21 años y era madura para su edad; él tenía 18 y seguía siendo inmaduro. Asegura que Mirka ha sido decisiva en su éxito, entre otras cosas, porque le enseñó a disciplinarse. «Mirka entrenaba cinco o seis horas seguidas. Sus padres (emigrantes checos) se veían obligados a deslomarse trabajando. Ella era todo voluntad y me enseñó cómo tenía que trabajar».

Mis tres mejores momentos

No hay récord que Federer no haya pulverizado. 17 Grand Slam ganados; 10 finales de Grand Slam consecutivas; 302 semanas como número uno mundial…
Es a su vez el tenista que más dinero en premios se ha llevado. 98 millones de dólares. Estas son sus tres victorias más recordadas… por él mismo.

MI PRIMERA GRAN VICTORIA, 2001
«La primera vez que gané a Sampras, en octavos de final en Wimbledon, porque fue cuando me di a conocer».

MI PRIMER WIMBLEDON, 2003
«Ganar en Wimbledon… había conseguido mi sueño».

MI PRIMER ROLAND GARROS, PARÍS, 2009
«Fue contra Robin Soderling (que había derrotado a Nadal). Llegué a pensar que ese Grand Slam no iba a ganarlo nunca. Me sentí contento. Y aliviado».