La hija mayor de Donald Trump se ha convertido en su mejor arma política. Con su estilo elegante y su imagen de madre trabajadora y exitosa, equilibra la imprudencia y el dudoso gusto de su padre. Por Chrissy Illy

Estoy en el piso 25 de la Trump Tower, en Nueva York, sentada frente a Ivanka Trump. Alta y vestida con elegancia, su presencia a sus 34 años es deslumbrante. Ivanka dice que duerme «unas cuatro horas y media» por las noches. En marzo tuvo a su tercer hijo y al cabo de una semana ya se había sumado otra vez a la campaña de su padre. «Cuando era niña, mi padre me decía que podría hacer todo lo que me propusiera». Y eso hizo.

Madre de tres hijos, cocina en casa y, por si fuera poco, practica “running”

Ivanka trabajó brevemente como modelo y, en 2004, se licenció en Economía. Es vicepresidenta en la empresa familiar, tiene su propia línea de ropa, participa activamente en la campaña de su padre y está escribiendo un libro titulado Women Who Work (Las mujeres que trabajan).

Donald Trump tiene cinco hijos, tres de su primer matrimonio, con Ivana Marie Zelnícková, una del segundo y otro del tercero, pero los tres mayores Ivanka y sus dos hermanos, Donald, de 38 años, y Eric, de 32 son los que mayor influjo ejercen sobre los proyectos empresariales y las ambiciones políticas de su padre. Donald disfruta de los subidones de adrenalina que siente al decir lo primero que se le pasa por la cabeza, pero Ivanka elige sus palabras con sumo cuidado. Un escritorio gigantesco nos separa. En él hay libros, notas y revistas con su imagen en la portada. En el despacho recibe la señal de una cámara que en todo momento le informa de lo que hacen sus tres hijos, fruto de su matrimonio con Jared Kushner, el editor del semanario The New York Observer y director de Kushner Companies, el grupo inmobiliario propiedad de su familia y ahora asesor de su familia . Se casaron en 2009, después de que Ivanka se convirtiera al judaísmo por él. «Estoy increíblemente enamorada de Jared; es mi mejor amigo», dice Ivanka. Kushner fue educado en la fe ortodoxa. Ivanka respeta el sabbath y hasta ha aprendido a preparar alimentos kosher. «Al principio era una cocinera horrorosa. Siempre me ha gustado invitar a gente a casa, pero encargaba la comida. Al casarme decidí que iba a aprender a cocinar», recuerda.

Ivanka con Donald Trum 2225

Ivanka con Donald Trump

El matrimonio tiene un piso en Manhattan, en el exclusivo distrito del Upper East Side, y una casa en uno de los campos de golf que Trump posee en Nueva Jersey, al lado de la de su padre. Ivanka y su familia pasan los fines de semana en ella; una buena excusa para preguntarle directamente por él. ¿Qué clase de abuelo es Donald? «Es un abuelo excelente. Mis hijos lo quieren, y pasamos mucho tiempo juntos, sobre todo durante el verano. Es divertido, mi hija a veces suelta los mismos comentarios que él. Hace un par de meses estábamos andando por Nueva York y se fijó en un bache que había en la calzada. ‘Mamá, al abuelito no le gustaría ver eso’. Nos echamos a reír, y ella entonces dijo. ‘Ya sabes a qué me refiero, a esa especie de meticulosidad que tiene’. Está muy unido a mis hijos».

La «cálida personalidad» de papá

Los ojos se le iluminan al hablar de su padre. «Tiene una personalidad tremendamente cálida -prosigue. Es leal a sus amigos y a sus familiares, y tiene un sentido del humor fantástico, aunque un poco retorcido a veces. Ha sido un padre magnífico».

“Mi hija está buenísima” dijo Donald Trump en una ocasión

Trump es un hombre que no piensa las cosas antes de decirlas, que no se da cuenta de que sus ‘bromas’ muchas veces pueden ser tomadas de forma literal. La propia Ivanka, más de una vez, ha sido el blanco de tales bromas. Una antigua candidata al título de Miss Universo declaró que Donald había dicho que su hija «estaba buenísima». Las palabras textuales fueron. «¿No te parece que mi hija está buenísima? Porque está buenísima, ¿a que sí?». Ivanka por entonces tenía 16 años. ¿Le parece que esta clase de sentido del humor puede ocasionar malentendidos? «Es una posibilidad», responde con cautela. Sugiero que quizá sería más prudente hacer menos chistes en público. Ivanka no termina de mojarse, como sucede cada vez que se hace referencia a las polémicas políticas que envuelven a su padre. «También es un hombre muy auténtico. Parte de su éxito tiene que ver con el hecho de que es increíblemente sincero a la hora de expresar sus opiniones, cosa que es muy rara en el mundo de la política. Por no decir inaudita. A mi modo de ver, es una cualidad que resulta refrescante. La gente puede estar de acuerdo o en desacuerdo con sus puntos de vista políticos, pero creo que la opinión pública entiende que no tiene miedo a decir lo que piensa».

Ivanka con su familia

Eric, Donald Jr. e Ivanka

¿Qué piensa Ivanka del plan de su padre de construir un muro para mantener a los mexicanos fuera de Estados Unidos? ¿De su proyecto de prohibir la entrada en el país a los musulmanes? ¿Qué opina de la posible clasificación de las personas atendiendo a criterios de raza o religión? Ivanka no piensa responder. Estos temas son tabú.

Feminista convencida

Prefiere hablar de otro tipo de cuestiones. De su feminismo, por ejemplo. «Creo en la igualdad de género al 1000 por 100 afirma , lo que me convierte en feminista por definición. Y me enorgullece». Considera, incluso, que su padre también es feminista, desestimando las numerosas acusaciones de misoginia, de tratar a las mujeres como objetos y de vituperarlas en términos generales. «Pues sí, yo creo que es feminista. Es una de las razones primordiales por la que hoy soy la mujer que soy. Siempre me decía y me enseñaba con el ejemplo que es posible conseguir lo que te propongas, si lo piensas todo bien, si pones pasión en lo que haces, si tienes una ética del trabajo. También me rodeó de mujeres fuertes, de unos modelos femeninos a seguir que hicieron justamente eso, desde que yo era pequeña. La gente habla sobre la igualdad de género, pero él la ha vivido, ha empleado a mujeres en lo más alto de la Trump Organization, durante décadas. Me parece una muestra elocuente de que considera que las mujeres están perfectamente capacitadas, y así lo ha demostrado a lo largo de su vida».

Tengo la impresión de que Ivanka siempre ha sido ‘la niña de papá’. De pequeña, acostumbraba a observar a Trump en la oficina y en muchas de las obras de sus edificios. «Sí, hacía estas cosas. En mi pasión por el sector inmobiliario se da un componente genético, que se suma al factor de la experiencia. Mis padres eran unos apasionados de su trabajo y nos transmitieron esa pasión desde la primera niñez. No es casual que mis hermanos y yo siempre lleguemos puntuales al trabajo. Fue el ejemplo que nos dieron. Mi padre siempre me decía lo mismo. tienes que descubrir qué es lo que te apasiona, porque la vida es demasiado corta para dedicarla a algo que no te gusta. Y si lo que haces no te apasiona, nunca vas a ser grande. Es la pura verdad».

Malditos padres famosos

Ivanka piensa que tener unos padres famosos constituye una maldición ante las complicaciones experimentadas cuando sus padres, que por entonces formaban el matrimonio más famoso de Nueva York, se divorciaron en 1992. Ivanka se enteró de todos los detalles sobre la amante de su padre, la actriz Marla Maples, que se convirtió en la segunda esposa de Donald, porque los periodistas le preguntaban por la fogosidad sexual de su padre y los paparazzi la perseguían por la calle.

Hoy está tan unida a su madre como a su padre, y hace unos años declaró sobre el divorcio. «Me acercó más a mi padre, no porque estuviera poniéndome de su lado, sino porque ya no iba a poder seguir contando con él de forma segura e incondicional». Razón por la que, una semana después de dar a luz, le brindó apoyo en el estrado en Nueva York. ¿No le resultó difícil, tan poco tiempo después del parto? «Hago lo posible por vivir la vida de acuerdo con mis propias prioridades. Y la familia es lo primero».

Ivanka opina que su forma de criar a los hijos es muy distinta a la de la generación de su madre. «Antes se separaba la vida en el trabajo de la vida en el hogar. Ahora tan solo hay una vida afirma . No conozco a nadie que a estas alturas tenga un armario con ropa para ir al trabajo. La transición entre unos papeles y otros ahora es más fluida. La tecnología ha facilitado las cosas; de pronto era normal responder correos electrónicos a las once de la noche o, de repente, resultaba aceptable que atendieras la llamada de tu hijo al final de su jornada escolar. No soy de las que lo hacen todo solas. Tengo la suerte de contar con niñeras que me ayudan mientras estoy en el trabajo».

Últimamente se ha aficionado a correr. «Nunca me había gustado, en absoluto, hasta que mis colaboradores y yo empezamos a entrenar para una media maratón en Central Park. Ahora corro con mi marido todos los domingos por la mañana. Seguramente soy la única persona que corre sin escuchar música, sin llevar el móvil conectado. Pero es que me encanta disfrutar de la ocasión de hablar con él».

Ivanka y esposo

Ivanka con su esposo, Jared Kushner, y sus hijos.

No soy perfecta

A Kushner y a ella les gusta ir a Turnberry todos los años. Según Ivanka, «no hay un mejor centro turístico dedicado al golf en el mundo entero, aunque no soy una golfista muy buena», añade, pero dudo de que haya alguna faceta en su vida en la que no destaque. No está de acuerdo; no quiere que piense que es perfecta. «Puedo ser muy descuidada. No quiero que crea que todo lo hago bien y me resulta fácil, pues una imagen de ese tipo no ayuda a las mujeres, y es que criar a los hijos es agotador, te deja exhausta. Duermo muy poco, y no lo digo para que las demás sigan mi ejemplo. Pero me he marcado unos objetivos. Muchas veces me marcho pronto de la oficina para cenar con mis hijos, los acuesto y después vuelvo al despacho para trabajar hasta bastante tarde. Es mi elección, y no tengo ningún problema al respecto. No me importa perder unas horas de sueño con el fin de llevar el calendario de trabajo que considero oportuno en mi vida».

Soy una mujer que tiene ambiciones personales. Me queda mucho camino por recorrer profesionalmente. Soy de las que siempre apunta alto

«También es algo propio de mi generación. Soy una mujer del siglo XXI que tiene ambiciones personales. Me queda mucho camino por recorrer profesionalmente. Y soy de las que siempre apunta alto. Me gusta soñar a lo grande».


Ivanka contra las modelos

Nacida en Nueva York, Ivanka fue una estudiante ejemplar, de las que siempre sacaba sobresalientes. Instada a ganarse su propio dinero para sus gastos, en la adolescencia se puso a trabajar como modelo. En su libro, The Trump Card (el título juega con el apellido familiar y podría ser traducido como La mejor baza), escribe. «El negocio de la moda es tan despiadado como el inmobiliario. […] Las modelos son las chicas más mezquinas, malévolas y rencorosas del mundo. Adolescentes convencidas de que el mundo entero les debe algo, con una educación deficiente, mimadas, […] cuyo éxito personal es el resultado directo de las decepciones sufridas por otras personas». Dio la espalda a ese mundo con rapidez, fue a la universidad y empezó su verdadera carrera.